Yo no me olvido de la respuesta sabia de la señora Isabel.- “La luz que va adelante es la que alumbra” me dijo.

- Lida Cuesta.

Yo Soy Lida Cuesta, “La luz que va adelante es la que alumbra"

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Nací en el corregimiento de Arquía, municipio de Vigía del Fuerte en Antioquia, pero, crecí en un pueblito que se llama Vegaez; con el apoyo de mi madre, porque mi padre murió cuando yo apenas cumplía diez años. Tenía dieciséis años, y cursaba noveno grado de bachillerato, cuando me enamoré de un joven mayor que yo, al poco tiempo y sin terminar el bachillerato quedé embarazada. Fue muy duro para mí, porque a mi edad no estaba preparada.

Lida Cuesta PereaÉl, mi novio, mi marido, se responsabilizó y me llevó a vivir donde sus padres. Me sentía incomoda, cohibida en esa casa, tenía la impresión de que su mamá no gustaba mucho de mí, pero me aguanté sus malas caras y habladurías, mientras daba a luz. En ese proceso de embarazo, él se enamoró de otra joven y yo empecé a sufrir mucho por su infidelidad. Al año completo del nacimiento de mi hijo, decidí irme de esa casa. No aguantaba más los malos tratos, tanto de él, cómo de su familia. Él era concejal de Vigía del Fuerte, un día que viajó aproveché y me fui para donde mi mamá, que vivía en la vereda Santa Luisa, me quedé con ella unos años, y no regresé más con él. Yo anhelaba terminar mi bachillerato. El 15 de enero de 2004, viajé a Quibdó y dejé al niño con mi mamá, me alojé donde una hermana, ella se puso en la tarea de conseguirme trabajo en casa de familia, que era lo que más se acomodaba a mi perfil, así que a los pocos días, yo estaba trabajando en la casa de una profesora, con tan buena suerte, que allá me consiguió cupo para que estudiara de noche en el Colegio Carrasquilla, donde terminé el bachillerato. Volví a mi pueblo después de culminar mis estudios; con una mentalidad clara, dispuesta a aprovechar la más mínima oportunidad que se me presentara. En el 2006, estando en mi pueblo, dando tiempo a que mi hijo creciera, fui testigo de la alteración del orden público por grupos armados al margen de la ley. Me tocó desplazarme de nuevo a la ciudad de Quibdó en condición de víctima del conflicto armado interno, siendo madre cabeza de familia. En Quibdó, me empleé donde una abogada, cocinando, lavando, trapeando, en fin, pero yo quería ingresar a la universidad. Le conté mi historia, y ella se comprometió a ayudarme en cuanto tuviera el espacio, lo que alimentó más mis ilusiones de superación. En Quibdó, yo me había declarado víctima del conflicto armado, así que un día me invitaron a una reunión, a la que fui casi sin querer. Una de las coordinadoras residía en el mismo barrio que el mío, se llama Ana Isabel Chavera Palacios, trabajadora social. Ella coordinaba, junto con la señora Teresa Marina Ochoa, una obra de los Estados Unidos, la cual apoyaba un programa de fortalecimiento a las víctimas en Quibdó. Nos explicaron en qué consistía el programa y que se iba a hacer con las personas que participaban del mismo. Había tanta gente inscrita, que yo perdí las ganas de participar. Pero, una noche, que pasaba yo por la casa de la señora Isabel le manifesté que el programa me perecía importante porque la capacitación era para todas, específicamente para quien tuviéramos condiciones, deseos y aptitudes para aprender el tema de una buena higiene oral, una alimentación balanceada, que entendiéramos sobre los derechos humanos, de la violencia basada en género, etc. Le dije, que a mi particularmente, me llamaba la atención pero que no tenía tiempo, y además, que si no había plata no me interesaba. Yo no me olvido de la respuesta sabia de la señora Isabel.- “La luz que va adelante es la que alumbra” me dijo. Me fui pensando en esa máxima y asistí gustosa a la siguiente reunión, seguí yendo durante un mes que duro el programa. Éramos trescientas personas las que asistíamos a la capacitación, las expositoras tenían el difícil compromiso de seleccionar apenas once, según sus habilidades y destrezas que pudieran hacer replicas en sus barrios, en sus comunidades. Yo quedé seleccionada, me alegré mucho y comencé a asistir a los talleres y capacitaciones que debíamos hacer las seleccionadas. Fue en ese proceso donde conocí al compañero Plazarte Antonio, él era líder. Un día conversando, me dijo, que estaba estudiando en la Universidad Diego Luis Córdoba, y que lo había logrado mediante un proyecto otorgado por las becas condonables gestionadas por Comunidades Negras. Yo le hablé de mis inquietudes, que mi más grande aspiración del momento era poder ingresar a la universidad, pero lo que me ganaba no me alcanzaba. Me respondió que me iba ayudar para que presentara un proyecto igual al de él, y así lo hizo. En el 2012 se abrieron las convocatorias, para presentar los proyectos por Comunidades Negras, fui al ICETEX por los requisitos para aspirante, presenté mi proyecto de la ley 1257 del 2.008, sobre la no violencia contra la mujer, y resulté beneficiada. Hoy, soy estudiante de la Universidad Tecnológica del Chocó en la carrera de Derecho. Trabajo en la Tienda Artesanal de la Red Departamental de Mujeres Chocoanas, participo en un proyecto como Operadora de Cambio, desarrollado por la Red de Mujeres Chocoanas, USAID y la Alcaldía Municipal de Quibdó; el programa se llama, “Por Un Quibdó Libre de Violencia Sexual, Basada en Genero”. Tengo dos hijos de once y nueve años y soy feliz.

Lida Cuesta Perea.

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