En los talleres de formación y capacitación se aprende mucho y así mismo puedo transmitir a mi familia los aprendizajes.

- Maria Rufina Fonseca.

Yo Soy Maria Rufina Fonseca en La Fundación San Isidro

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La fundación San Isidro fue mi salvación, mi despertar de cómo yo vivía, poco a poco fui incluyendo a mi esposo en los talleres de capacitación y él ha cambiado mucho por eso. Al principio  él no me dejaba ir a los mercados campesinos y tampoco a los talleres, pero la fundación san isidro lo cambio poco a poco,  ahora ha cambiado harto, ayuda en las labores del hogar, se levanta el domingo y hace el desayuno, recoge la leña, ayuda a ver los animales y la verdad yo he descansado mucho porque él apoya más en la casa.  

Mariìa Rufina FonsecaSoy una campesina de 56 años de edad. Tengo cuatro hijas y dos hijos. Vivo en una modesta casa en una vereda lejana del municipio de Paipa, Boyacá, con mi esposo, mi hijo menor y un nieto que está a mi cargo. Muy cerca, vive mi hijo mayor con su esposa y sus 6 hijos a los cuales cuido muy seguido. Así que en mi casa generalmente permanecen alrededor de 10 ó 12 personas. Hasta hace algún tiempo, también tenía a cargo a mi padre de avanzada edad, quien sufría de ceguera total pero falleció hace poco. Estudie hasta 5° grado de primaria, sin embargo he hecho parte del proceso de formación y capacitación con la Fundación San Isidro desde hace aproximadamente 12 años. Actualmente, participo en la estrategia de comercialización y defensa de la economía campesina llamada Mercados Campesinos, vendiendo comidas y procesados, parte de nuestra economía familiar depende de la venta que realizo en estos mercados. Utilizo las utilidades para pagar el colegio de mi hijo menor y mi nieto, en ropa, médico y comida. Mis ingresos complementan el salario que gana mi esposo trabajando en minas de carbón en nuestra vereda. Desde hace algún tiempo, mi esposo me acompaña y me apoya cuando participo en los mercados campesinos al igual que mi hijo mayor. La Fundación San Isidro fue mi salvación, mi despertar de cómo yo vivía. Poco a poco fui incluyendo a mi esposo en los talleres de capacitación y él ha cambiado mucho por eso. Al principio él no me dejaba ir a los mercados campesinos y tampoco a los talleres. Ahora ha cambiado harto; ayuda en las labores del hogar, se levanta el domingo y hace el desayuno, recoge la leña, ayuda a ver los animales. La verdad, yo he descansado mucho porque él apoya más en la casa. Mi esposo reconoce y apoya el trabajo que realizo. Soy yo quien da las indicaciones cuando vamos a vender al mercado y manejo con autonomía los recursos, producto de las ventas. Es interesante ver que él lava su ropa de trabajo (los overoles de trabajo en la mina) y le enseña a nuestros hijos a que ellos también pueden y deben lavar la ropa. El diálogo con nuestros hijos es mejor ahora porque a veces uno es muy fuerte para decir las cosas. Mi hijo mayor era muy machista como el papá pero también ha cambiado. Ahora anda con la esposa para donde quiera que va y los sábados cocina para la familia. Siempre me he encargado del cuidado de ovejas, gallinas, una vaquita y la huerta casera donde cultivo maíz, alverja y algunas hortalizas para el consumo de mi familia, pero con muchas dificultades por el cambio climático. Pues, a veces hay fuertes heladas, además el verano ha sido intenso y no hay agua para regar los cultivos. Anteriormente, cultivábamos en grandes cantidades y podíamos comercializar los alimentos excedentes. Pero ahora, mi esposo y yo no podemos trabajar la agricultura extensiva por problemas de salud y además, por falta mano de obra, no hay quien trabaje echando azadón. No tenemos agua potable en nuestro hogar, por lo tanto, tenemos que ir a recolectar el agua para cocinar en garrafones a media hora de camino. Para el uso del lavadero y para el riego de la huerta, recolectamos aguas lluvias del techo de la casa en tanques de plástico En los talleres de formación y capacitación he aprendido mucho y así mismo puedo transmitir a mi familia los aprendizajes. El participar en los talleres me ayuda a desestresarme, me olvido de los problemas y de los oficios cotidianos. Debería haber más talleres y que se inviten más personas para que se den cuenta que la equidad de género es importante. Es importante que las mujeres también nos capacitemos y aprendamos que tenemos derechos para que no vivamos ignoradas y esclavizadas toda la vida. Quiero seguir en el campo, cultivar la huerta para tener que comer y poder seguir trabajando en los mercados campesinos. Lo que más me preocupa son mis hijos y mis 12 nietos. Una de mis hijas que es madre soltera me preocupa más, me gustaría verla más realizada. Uno de mis hijos tiene 6 hijos y me gustaría verlo realizado en el campo y que no tenga que irse a la ciudad a pasar más necesidades.

 Maria Rufina Fonseca.

 

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